¿Qué tipo de abogado soy?
February 2026
Jorge Luis Hernández Preciado

Este ejercicio resultó en una especie de brújula moral de virtudes que, si bien la mayoría ya las tenía identificadas, ahora las tengo aterrizadas en una aspiración de perfil profesional en concreto.

Para mí, el 2025 fue un año en el que me tocó tomar las decisiones profesionales y personales más importantes de mi vida. Fue un año que recordaré por siempre con gran cariño y del que salgo con aprendizajes, compromisos y responsabilidades inmensas. Toca recibir de brazos abiertos este 2026 y sinceramente no podría estar más emocionado.

Aproveché la calma que trajo consigo el periodo vacacional para muchas cosas, pero un día entero lo dediqué a algo que quiero compartir en este artículo: responder la pregunta ¿qué tipo de abogado soy? Esta duda, alimentada por mis lecturas más recientes (que aprovecho para recomendar ampliamente) “Ser justo en un mundo injusto” de Ryan Holiday y “Hope: la autobiografía” del Papa Francisco, ambos libros me llevaron de la mano a comenzar a hacerme preguntas importantes y a reflexionar en torno a mis decisiones recientemente tomadas.

Llegué a la determinación de que para 2026 quiero arrancar todos mis proyectos con una idea clara y bien delimitada de mis ideales como abogado y de los valores que me interesa promover en esta nueva etapa.

Partí de la idea de querer apartarme de la figura del abogado caricaturizado (Harvey Specter, Better Call Saul, Lincoln Lawyer o básicamente cualquier personaje de Hollywood que se dedique a las leyes) y realmente aterrizar cómo percibo mi propia práctica profesional, y cómo me gustaría que esta sea percibida por mis colegas y clientes.

Para iniciar esta reflexión, comencé haciendo un par de quizzes y exámenes (invito al lector a que si le interesa, me contacte y se los comparto) dedicados a identificar ciegamente los valores que actualmente caracterizan mi práctica profesional. Cabe mencionar que yo no soy especialmente fan de este tipo de quizzes arquetípicos, pero para el fin que estaba persiguiendo en ese momento fue de suma utilidad.

Acabé con una serie de valores bien identificados y delimitados; para mi sorpresa, algunos no los tenía ni siquiera en el radar. Identifiqué, por ejemplo, que valoro enormemente la imagen que tienen mis clientes de mí, y que busco por encima de todas las cosas cuidar mi buena reputación. Esto, bueno o malo, me ayudó a dar el siguiente paso: identificar el abogado en el que me quiero convertir. Decía Sartre que “El hombre no es otra cosa que lo que él se hace” o en otras palabras: no solo somos lo que somos, sino también lo que queremos ser.

Con esto en mente, seguí con un ejercicio de redacción, una especie de “cartita al niño Dios” del perfil del abogado con el que me gustaría que se me identifique. Busqué llegar a 10 afirmaciones concretas que inicien con “Soy un abogado que…”. Como consejo, algunos de los trucos mentales que utilicé fueron: cuando me recomienden con un cliente me gustaría que empezaran con “él es un abogado que…” u otro mucho más personal, el día de mañana, cuando mi hijo entienda la dimensión profesional de su papá, ¿cómo me gustaría que me recordara?

Sin más, comparto mis afirmaciones, que si bien son personales, estoy seguro de que compartirlas hará más bien que mal (no están en orden de importancia):

  1. Soy un abogado que cuida su reputación como un activo central, y no la pone en riesgo por cuestiones económicas.
  2. Soy un abogado que no confunde lo legal con lo correcto, y se niega a sostener estrategias abusivas aunque sean sostenibles en papel.
  3. Soy un abogado que busca cultivar un concepto firme de seguridad en sus clientes, de modo que confíen en mi criterio, se sientan respaldados en sus decisiones y me respeten profesionalmente.
  4. Soy un abogado que privilegia, por encima de todo, el largo plazo, buscando que mis clientes, socios, colegas y compañeros de equipo no solo obtengan resultados, sino que se sientan acompañados, protegidos y orgullosos de haber confiado en mí.
  5. Soy un abogado que dice la verdad al cliente de forma clara y oportuna, incluso cuando es incómoda, porque eso fortalece la confianza real y no genera falsas expectativas.
  6. Soy un abogado que entiende que decir “no” a tiempo es parte del buen servicio, y que poner límites también protege al cliente y al despacho.
  7. Soy un abogado que juega en equipo, y busca logros colectivos por encima de los personales.
  8. Soy un abogado que exige un estándar de calidad capaz de resistir auditoría, litigio y escrutinio externo, porque eso genera tranquilidad y respaldo.
  9. Soy un abogado que ejerce su criterio con autonomía intelectual independiente de las corrientes ideológicas, y cuya seguridad profesional inspira respeto y confianza en quienes lo rodean.
  10. Soy un abogado que prioriza solucionar problemas por encima de la pureza técnica, que entiende que en un mundo caótico, negociar y resolver con creatividad son herramientas casi mágicas.

Sería ingenuo pensar que estas afirmaciones son reales el 100% del tiempo; vaya, sería incluso optimista buscar que sean verdad la mitad del tiempo, pero es parte importante asumir esa imperfección humildemente y entender que al final estas son aspiraciones y no verdades absolutas.

Ahora con todo esto, sé que todas las decisiones que tome en 2026 deben ir encaminadas a seguir construyendo este abogado en el que me quiero convertir.

Invito al lector a que haga un ejercicio parecido a este o que al menos se detenga a reflexionar en torno a las preguntas ¿qué tipo de abogado soy? y ¿qué tipo de abogado quiero ser?

Le deseo a toda la comunidad un 2026 lleno de nuevos retos y aprendizajes, que nos acerque más a una sociedad justa y solidaria. ¡A darle con todo!

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